Por nada
- jesusmejiac12
- 17 nov 2024
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 28 nov 2024
Cierto día de cierto mes de cierto año
?:

Guardo con cariño esa foto instantánea de aquel día, cuando me hablaste porque tenías una urgencia. Yo sin pensarlo dos veces salí del trabajo y me apresuré a llegar contigo.
Lo que generalmente eran veinte minutos de trayecto parecían eternas horas de camino a tu departamento. Dejaste de contestar mis mensajes, "llega pronto" fue lo último que escribiste y yo no podía estar más preocupada. Subí las escaleras lo más rápido que pude y corrí por el pasillo hasta tu puerta. Estaba tan nerviosa, tú nunca escribías de forma tan repentina, pensaba que algo te había sucedido, tan inquieta iba que abrí la puerta de golpe para dirigirme a tu habitación .
Pero no estabas ahí.
Regresé a la sala y te miré al fondo, junto a la ventana. Entré tan rápido que no me percaté de ti. Me sentía una tonta, pues no había urgencia alguna. Sólo estabas ahí fumando mientras regabas la planta que mi madre te obsequió. Me enojé al instante y te reclamé, a lo que tú solamente volteaste, te acercaste y me abrazaste con tal fervor que mi mente quedó en blanco. Pude sentir que tocabas mi alma y el enojo se había ido. "Necesitaba urgentemente abrazarte, pero podía esperar hasta que llegaras después del trabajo, gracias". Fue lo que me decías mientras permanecíamos abrazados. Me quedé callada unos minutos, en lo que trataba de asimilar qué estaba ocurriendo, por qué me sentía así, por qué no seguía molesta si me habías hecho correr por nada.
Pero no... no fue por nada.
Entendí lo que generabas dentro de mí. Y aunque me asusté un poco por aquello que sentí, me alegré de sentir tu calor, tu amor. Me miraste a los ojos y sonreías mientras secabas una lágrima que corría por mi mejilla. -"Se puede llorar cuando somos felices, te lo dije".
Yo no supe qué decir y sólo reí nerviosamente. Al cabo de un rato decidimos salir a caminar, charlamos acerca de las nubes, de lo mucho que me gusta la pizza fría y las razones por las que el señor del edificio de enfrente era un posible espía turco. De un parque a otro, cruzando puentes y balanceándonos sobre las aceras llegamos a una pequeña plaza donde seguimos dando el rol, platicando sobre cualquier cosa, de la mano y riendo. De pronto algo atrajo tu mirada, era una de esas cámaras instantáneas que ya no se ven tan seguido y sin pensarlo entraste a por ella. Me contaste una breve historia sobre el origen de estas cámaras aunque he de confesar que no recuerdo muy bien de qué iba. Yo estaba entretenida en tus manos y en la facilidad con la que dominabas esos artefactos de los que nunca he sido tan afanada. Me gustaba mirarte contento, emocionado por tu nueva cámara y por todas las fotografías que tomarías con ella.
Regresamos al departamento y preparamos la cena juntos. Nos sentamos en la sala y tomamos un poco de vino. En ese momento era yo quien estaba pegada a la ventana, mirando la vida pasar cuando escuché el disparo de tu nueva cámara. Para cuando volví a mirarte ya habías terminado la travesura. Sonreíste y comenzaste a recoger los platos. Yo cerré los ojos por un momento y al volver a abrirlos ya me abrazabas en la cama. Recuerdo haber descansado como nunca esa noche.
Al amanecer ya no estabas, dejaste una taza de café en el buró junto con la fotografía que tomaste y un te quiero escrito al reverso de esta.
En ese momento pensé que así me gustaría despertar más seguido, pero no. Prefiero dejarlo al azar, a lo que dicten nuestros corazones y quién sabe, puede que mañana te gane y prepare el desayuno para ti o tal vez decida dejarte descansar otro poco. No sé, solamente sé que te quiero, que me quieres y eso me basta.
(Toda esta primera parte fue premeditada y reescrita varias veces, pero el resto va como tenga que salir)
He de soltarlo: agradecerte no me resulta suficiente para todo lo que das por mí, pero quiero hacerte saber que valoro cada acto de amor que tienes hacia mí. Es verdad, no soy tan sutil, ni poeta como tú.
Tampoco soy la más expresiva, pero hoy sé que te amo...
Desde mi trinchera, esa que poco a poco baja las armas y se deja querer.
Desde la fortaleza que tuve que forjar decepción tras decepción.
Esa coraza que ni siquiera has intentado desmantelar...
Por eso te valoro tanto, porque nada ha sido apresurado, porque puedo ser yo misma. Porque puede ser urgente vernos, pero podemos esperar un poco más.
Porque esta coraza áspera no ha sido impedimento para quererme, porque entiendes lo mucho que puede costarme demostrar mis sentimientos. Eres el primero que no busca romper mi fortaleza. Al contrario vienes y pintas paisajes en estos altos muros que anteriormente fueron atacados por falsos héroes con aires de redención y salvación...
Vienes y compones canciones con el eco de mis pasillos laberínticos.
Dejas flores en la entrada y te vas. Pero regresas de vez en cuando a regarlas.
Me quieres sin dejar de ser quien eres.
¿Cómo no quererte en mi vida si te resulta natural quererme como soy?
Nunca quise más,
solamente ser valorada como soy.
No me hiciste correr por nada.
Gracias por eso y más.
X.
Jesús Mc.



Comentarios