La carta
- jesusmejiac12
- 15 feb 2021
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 24 sept 2023
Tal día de tal año en tal lugar
Querido tú:
¿Cómo estás? ¿Qué tal están los tuyos? Espero que lo mejor posible.
Sí, seguramente te perecerá extraño recibir este pequeño escrito. Debo decir que me tomó tiempo hacerlo, tal vez el tiempo que me tomó entender por qué te fuiste. A decir verdad, es por eso que te escribo. Porque hoy todo me queda claro y quiero compartirlo contigo.
Ya no estoy molesta, ni decepcionada. Al contrario, estoy contenta de haber compartido muchas cosas juntas. Desde aquel roce de ideas contradictorias en el trabajo de hace unos años y hasta la fría noche en la que te fuiste. Equivocadamente te juzgué de inmaduro, del que no sabía lo que quería. Del que sólo estaba para pasar el rato. Y ahora, por fin comprendí que no era así, efectivamente sabías lo que querías, estabas para compartir vivencias, para crecer a nivel personal y como equipo, eso sí, el tiempo que fuera adecuado para las dos. Es más, podría asegurar que tenías todo más claro que yo. Pero mi orgullo no me permitía aceptarlo y me salió caro. Mucho tiempo aferrada a malas interpretaciones, solamente conseguí alejarme de todo aquello que me hacía bien. Me fui por el camino fácil, el de echarte la culpa para ignorar que me sentía mal conmigo misma. Hoy quiero disculparme por ello aunque parezca absurdo, pues tú nunca te enteraste. Cumpliste tu palabra cuando te pedí que no me buscaras más, pero no dejaste de cuidarme y por ese gesto te agradezco infinitamente. Así es, me enteré que de vez en cuando le preguntabas a mi hermano cómo estaba. ¿Quién diría que mejor él entendía la situación y yo no? En fin, gracias por cuidarme a pesar de todo.
Puedo imaginar tu cara al momento de leerme, sereno y con pluma en mano si es que llego a tener alguna falta ortográfica. Verifiqué muchas veces esta carta, así que no deberías preocuparte. ¿Será que sonríes un poco al paso de las letras? Esperaría que sí, al menos un poco. ¡Qué va! Deseo que tengas una sonrisa de oreja a oreja cuando leas esto.
Me alegra mucho haberme soltado de ti, quizás me tardé más de lo que pensaba, pero lo hice. Hoy puedo recordarte sanamente y eso me llena de paz y mucha alegría. Que es cierto, viste primeramente por ti, por lo que te haría mejor persona. Probablemente esas palabras, en un principio me dolieron bastante, pues solamente podía pensar que yo no te estaba aportando algo bueno y claro que me daba en el orgullo, pero va siendo la hora en la que entiendo que no fuiste sino el más prudente de las dos. El tiempo pasó y me liberé de aquellas cadenas imaginarias que me condenaban a vivir de malas. Ahora estoy a unos meses de casarme con una gran persona, y en otros más, seré madre. ¿Me imaginas de madre? Yo sigo sin poder creerlo, pero cada día me siento más emocionada de conocer un amor completamente distinto a lo que he vivido. Siempre estuve convencida de ello y me pone muy contenta sentirme segura con las decisiones que estoy tomando. Bueno y a todo esto, quiero que sepas que ya lo entendí: Ese jueves por la noche, cuando decidiste partir, me diste el mejor regalo y no pude asimilarlo hasta ahora. No te fuiste porque no me quisieras, o porque no supieras qué querías. Todo lo contrario, me quisiste hasta el alma. Sabías perfectamente lo que querías, incluso, sabías perfectamente lo que yo quería. A tal grado que entendías que no lo encontraría contigo. Te fuiste así sin más, con el misterio que siempre te caracterizó. Convencido del auto-conocimiento y las reflexiones reveladoras a mitad de la noche. Me preguntó qué habría pasado si lo hubiese entendido antes, probablemente no te estaría escribiendo esta carta y te lo estaría contando mientras tomamos té aunque no sea tu favorito, tal vez una copa de vino no me rechazarías. A lo mejor no tendría que decirte todo esto y simplemente ambas sabríamos lo que pasó, sin embargo, me alegra que haya sucedido de esta forma. Sé que ahora ambas somos libres, nos sentimos plenas, lo pude ver en la ponencia que diste en aquella convención sobre cosas abstractas que nunca terminé de entenderte. Tampoco fue necesario intentar entenderlo en ese momento, me bastó con verte sonriente, seguro de lo que hacías. Te fuiste para ser justo con nuestra relación y que hoy sea un hermoso recuerdo para ti y también para mí. Me despediría en estas últimas letras, pero iría tres años tarde a nuestro adiós. Así que únicamente escribiré lo siguiente: Gracias por tanto, querido tú.
Atentamente,
Sabrás quién soy.
Jesús Mc.



Comentarios