Esa vez que llovió
- jesusmejiac12
- 3 sept 2023
- 1 Min. de lectura

Han pasado años, pero no dejo de recodar esa tormenta que tanto me ayudó. Es que no fue una de esas lluvias que comienzan con un ligero chipi chipi, que poco a poco aumentan, tienen su auge y se van. No.
Fue una tormenta repentina, como si a la luna le hubieran quitado su mayor atributo y no le hubiera quedado de otra más que llorar a cántaros por su pérdida. Cato y también perrito auguraban un evento fatídico. Se mantenían inquietos buena parte de la noche. Pero esta vez no les pude entender. Hasta que alguien llamó a mi ventana. Y volvían a llamar, una y otra vez. Los cristales cimbraban y mi voz se ahogaba en el retumbar del cielo. Los pasillos se cubrían de granizo y los árboles lloraban hojas. Las coladeras dejaron de hacerle frente a la tormenta. Lo que escurría desde la azotea se metía por el marco de la puerta. Era como si la lluvia nos hubiera tragado. Como si nos apartara de todo, como si la tormenta se presentara solamente sobre mí. Y lo que fue una tormenta de veinte minutos, para mí fue el huracán que arrasó con mi sentir. Esa lluvia me absorbió, me revolcó emocionalmente. Sentía que me ahogaba en las sábanas, que de ahí no podía salir. Le tuve miedo. Y cuando cesó, temía por una nueva tormenta. Esa lluvia me dejó temblando, pero en el fondo me liberó. Lo que no podía hacer, quizás por temor, por falso orgullo o por necio, alguien más lo hizo por mí. Esa vez que llovió, alguien o algo lloró por mí.
Jesús Mc.



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